GARA, 28/11/99

      Catorce meses de alto el fuego

      La última declaración de ETA muestra el duro momento que vive el proceso abierto hace catorce meses. Las fuerzas implicadas en él coinciden en señalar que no se puede defraudar la ilusión creada en la sociedad, pero existen numerosos puntos sin aclarar respecto al camino que se debe recorrer.

      El antecedente de la última declaración de ETA hay que buscarlo en el comunicado hecho público el pasado 28 de agosto, en el que apreciaba respecto al proceso una situación de indefinición y un peligro de estancamiento. Las palabras de ETA estaban dirigidas a aquellas fuerzas que habían dado su conformidad con la apuesta de avanzar hacia un nuevo escenario democrático y mostraban ahora «vacilaciones, cansancio e incapacidad» para dirigir el proceso.

      Las reacciones de las fuerzas vascas no se hicieron esperar. Desde EA, Rafael Larreina coincidió con ETA en el llamamiento a no frustrar la ilusión extendida en la sociedad vasca. Censuró a ETA por no realizar autocrítica y se refirió expresamente a la kale borroka como un elemento claramente negativo. De hecho, la kale borroka ha sido uno de los factores esgrimidos con mayor insistencia por PNV y EA frente a los emplazamientos de la izquierda abertzale.

      El PNV contestó al comunicado de la organización armada con una escueta nota en la que resaltaba que «si algo hay agotado en el panorama político es el análisis y el discurso de ETA».

      Detrás de estas consideraciones estaba el debate de hacia dónde debía dirigirse el proceso abierto hace un año, y sobre ello, según se confirma ahora, ETA había puesto una propuesta encima de la mesa sin que el resto de fuerzas consiguieran definirse sobre la cuestión (ver páginas VIII y IX).

      En cualquier caso, resultaba evidente que el clima de meses atrás había cambiado notablemente. El trayecto realizado hasta la creación de la Asamblea de Electos Municipales Vascos ­salpicado de numerosas iniciativas, como el Bai Euskarari, la manifestación por los presos del 9 de enero, algunas decisiones que reforzaban la idea de respetar la voluntad de los vascos, como podía ser la tomada por el Parlamento de Gasteiz sobre la Asamblea Kurda...­ iba a tomar nuevos derroteros, sobre todo después de las elecciones de junio.

      Antes de estos comicios, se logró consensuar una respuesta contundente a la injerencia represiva de los estados español y francés del pasado marzo, con una gran manifestación y un paro. Después del Aberri Eguna, PNV, EA y EH lograron cristalizar el acuerdo parlamentario de Gasteiz, aunque el debate sobre las expresiones de violencia suscitó no pocos quebraderos de cabeza.

      El resultado electoral, aun siendo favorable a las fuerzas de Lizarra-Garazi, propició determinados grados de inestabilidad en el PNV, donde se empezaron a oír voces críticas hacia la colaboración con EH, y en EA, con la aparición de dos corrientes. En ese contexto, el acuerdo institucional en diputaciones y ayuntamientos se ha ido complicando hasta el día de hoy. Además, la necesidad de contar con el PSOE y, en concreto, de poder pactar con el PSE, empezó a aflorar en estas fuerzas.

      En estos meses no todo ha sido negro o blanco. Tanto es así que, por ejemplo, paralelamente al impasse que sufre el proceso, el PNV ha protagonizado una fuerte escalada dialéctica frente al Gobierno español y el PP. El rifirrafe por unas declaraciones del consejero Balza tras la detención de Belén González o el contundente discurso de Egibar con motivo del aniversario del Estatuto dan muestra de ello. Una escalada que contrasta, a su vez, con la posición de este grupo en el Congreso español con motivo del debate de las enmiendas a los Presupuestos. No cabe olvidar tampoco que el PNV aprobó los presupuestos del PP justo después de que ETA decretara el alto el fuego. Todo ello demuestra que lo ocurrido estos catorce meses resulta cuando menos complicado.

      La incidencia de los gobiernos español y francés en este periodo ha resultado muy destacada. Desde la interpretación de «tregua-trampa» de Mayor Oreja, pasando por el anuncio de Aznar autorizando contactos con ETA, hasta llegar a la detención de interlocutores de la organización, la práctica totalidad de las fuerzas vascas han denunciado su actitud inmovilista respecto al diálogo. Ello acompañado, además, con incisivas irrupciones represivas y el mantenimiento de la política penitenciaria de castigo y dispersión de los presos políticos vascos.

      El Gobierno francés ha tomado también un especial protagonismo, incluso desde un punto de vista propio, a tenor de la obcecación mostrada ante la creciente demanda del Departamento Vasco en Iparralde, y con acciones policiales de graves consecuencias políticas.

      De la misma forma que en marzo pasado, EH ha intentado, en el marco de la huelga de hambre de sus cargos electos, consensuar un alto grado de respuesta de las diferentes fuerzas políticas, sociales y sindicales que critican la estrategia de Madrid y París, aunque sin haber conseguido, hasta el momento, un nivel de compromiso como el de entonces. Simultáneamente, los presos políticos vascos han iniciado una dura lucha ante la situación de bloqueo.

      El desarrollo de los últimos catorce meses y, específicamente, de las últimas semanas, señala que el proceso político vive momentos cruciales

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